Este capítulo examina el sistema que convirtió la cadena de bloques (blockchain) de una estructura de datos abstracta en una máquina en funcionamiento que millones de desconocidos usan de verdad: Bitcoin. El capítulo anterior estableció qué es una blockchain: un libro de registros compartido, al que solo se puede añadir, que muchas computadoras independientes mantienen de común acuerdo (véase el Capítulo 11, La cadena de bloques). Este capítulo plantea una pregunta más difícil: por qué alguien necesitaba semejante cosa, y cómo se logró que la primera funcionara sin una empresa, sin un banco y sin autoridad alguna al mando. La respuesta importa para la pregunta central de este libro porque Bitcoin es la prueba de concepto sobre la que descansa todo el campo: es la demostración de que un viejo y difícil problema podía, en efecto, resolverse. Y sin embargo —es un punto que desarrollaremos a lo largo del capítulo y que retomaremos en el siguiente—, Bitcoin no es, por sí solo, lo que la mayoría de la gente entiende hoy por "Web3".
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En pocas palabras
antes de Bitcoin, el remedio contra el doble gasto digital fue siempre "poner a un árbitro de confianza a cargo del marcador". Esto funciona, pero significa que todo pago digital depende, en última instancia, de alguna empresa o gobierno que puede congelar su cuenta, revertir su pago, censurar una transacción, cobrar una comisión o quebrar. El tercero de confianza es a la vez la solución y, para algunos, el problema.
la primera entrada de Bitcoin está firmada, en la práctica, con un titular de periódico sobre rescates bancarios. Quienquiera que haya sido Satoshi, quería que la posteridad supiera qué problema creía estar resolviendo —y no era un problema estrecho de ingeniería, sino la cuestión de si las personas comunes deben depender de instituciones que pueden quebrar y ser rescatadas con dinero público.
una transacción de Bitcoin es una nota firmada que dice "yo, portador de esta clave secreta, pago por la presente estas monedas a aquella dirección". La firma demuestra que la nota es auténtica, como un sello de lacre demostraba en otro tiempo que una carta provenía de determinado gobernante —salvo que este sello es matemáticamente imposible de falsificar y cualquiera puede comprobarlo.
imagine un libro contable cuyas páginas están pegadas entre sí de modo que cada página lleva una impronta única de la anterior. No se puede arrancar ni reescribir discretamente una página vieja, porque todas las páginas posteriores dejarían de coincidir. Cuanto más atrás está una página, más páginas hay pegadas encima, y más difícil resulta alterarla.
la minería es el mecanismo que responde a la pregunta "¿quién escribe la siguiente página del libro contable?". La respuesta es: quien gane en esta ronda la lotería de quemar electricidad. Se le paga por la molestia con bitcoin nuevo, que es además la forma en que el bitcoin nuevo entra al mundo. El gasto no es un defecto que haya que optimizar hasta eliminarlo; es todo el modelo de seguridad, como explican las secciones siguientes.
la oferta monetaria de Bitcoin está fijada por un calendario inalterable y no por el juicio de un banco central. Las monedas nuevas se acuñan según un cronograma fijo y cada vez más lento, y el total jamás superará los veintiún millones aproximadamente. Esta escasez deliberada y mecánica es central para el argumento —examinado más adelante— de que Bitcoin se entiende mejor como "oro digital" que como dinero digital de uso cotidiano. Si la escasez predecible es una virtud o un defecto en algo que pretende ser dinero es una disputa económica genuina, no un hecho zanjado.
para falsificar la historia de Bitcoin habría que superar en cómputo a todos los que minan honestamente, todos a la vez, y sostener ese esfuerzo. La seguridad del libro contable se mide, por tanto, en electricidad y en hardware. Un atacante tendría que reunir la mayoría de las máquinas especializadas de minería del mundo y la colosal energía para hacerlas funcionar —e incluso entonces solo podría revertir transacciones recientes, no robar monedas cuyas claves no posee. El costo de montar semejante ataque está pensado para exceder cualquier ganancia plausible, de modo que la opción racional, incluso para el codicioso, es minar honestamente y cobrar la recompensa.
Bitcoin usa muchísima electricidad —comparable a la de un país de tamaño medio—, pero la cantidad exacta es genuinamente incierta, y las cifras cambian a medida que los estimadores refinan sus métodos. Los lectores deberían tratar cualquier número aislado, en cualquiera de las dos direcciones, con escepticismo, y desconfiar especialmente de las cifras citadas sin fuente ni fecha. Lo que no está en disputa es que el consumo es grande por diseño: es el precio del modelo de seguridad descrito arriba.
no hay una respuesta zanjada a la pregunta "¿Bitcoin es dinero o es una inversión?" —y el desacuerdo no es meramente semántico, porque las dos visiones implican diseños distintos, políticas distintas y medidas de éxito distintas. Este libro no toma posición sobre cuál es la correcta ni sobre si alguien debería poseer bitcoin; se limita a constatar que la cuestión está abierta y se debate de buena fe desde ambos lados. (Evitamos toda orientación de inversión a lo largo del libro; véase el Capítulo 16, Tokens.)
Bitcoin está diseñado para que su creador sea innecesario. Una vez en marcha, no necesitó líder, ni sede central, ni un nombre que lo respaldara —que es exactamente la propiedad que debería tener un sistema concebido para eliminar a las autoridades de confianza. El anonimato de Satoshi no es tanto un cabo suelto como una característica: dramatiza la afirmación de que el sistema se sostiene sobre sus propias reglas y no sobre la autoridad de persona alguna. Una nota de cautela en la dirección contraria: "nadie está al mando" es un ideal al que el Bitcoin del mundo real solo se aproxima, pues los desarrolladores de software, los grandes grupos de minería (mining pools) y las casas de cambio de criptomonedas (exchanges) ejercen todos una influencia real —un tema recurrente de los capítulos críticos de este libro (véase el Capítulo 29, Críticas y escepticismo).
Bitcoin demostró que una blockchain puede funcionar y puede conservar valor real sin una autoridad central —el avance fundacional. Pero Bitcoin es una máquina de un solo propósito, hecha para el dinero. Convertir la cadena de bloques en un cimiento de propósito general para aplicaciones, organizaciones y una nueva clase de web exigía hacerla programable. Ese paso es el tema del capítulo siguiente.
Qué cubre el capítulo
- El problema que no tenía solución: gastar el mismo dinero dos veces
- El white paper de Nakamoto y el bloque génesis
- Cómo funciona Bitcoin, a grandes rasgos
- Por qué es seguro: el costo de un ataque
- Una advertencia necesaria sobre las cifras de energía
- ¿Oro digital o dinero digital? Un debate abierto
- El misterio de Satoshi Nakamoto —y por qué el sistema no lo necesita
- Síntesis: la prueba de concepto que fundó un campo —pero todavía no la "Web3"
Términos que se explican en este capítulo
El capítulo completo está en el libro.
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